
José tenía su propio negocio en Michoacán; un día llegaron a amenazarlo para que pagara “derecho de piso”, y como no cedió lo secuestraron hasta que su familia pagó el rescate, pero después volvieron a extorsionarlo, por lo que él y su familia forman parte de las mil 537 personas en movilidad que se encuentran albergadas actualmente en Ciudad Juárez y Chihuahua.
De acuerdo con Dirvin Luis García, coordinador del Programa de Atención a Migrantes del Consejo Estatal de Población (Coespo), las personas que permanecen en los albergues y espacios de acogida son principalmente mexicanas desplazadas por la violencia, seguidas de venezolanas, hondureñas, guatemaltecas y salvadoreñas, y la mitad de ellas llegaron después de que el presidente Donald Trump cerró la frontera a los solicitantes de asilo.
Explicó que, aunque la cifra de personas albergadas es similar a la que había el 20 de enero, cuando inició el nuevo Gobierno de EU, el monitoreo del Coespo registró un relevo de personas en los 22 espacios monitoreados, de donde muchos migrantes salieron para moverse de ciudad o regresaron a sus lugares de origen, mientras que otros han decidido acercarse a la frontera.
“La mitad es población que llegó nueva; o sea, las personas que estaban esperando cita (de CBP One) salieron de los albergues, se movieron a otra frontera o regresaron a sus comunidades de origen o al sur del país. Hay toda una campaña del Instituto Nacional de Migración para lo que llaman ‘las conducciones’, y sí ha salido mucha gente, principalmente de los albergues más grandes, pero no es a su país de origen, son retornos a Tapachula, a Acayucan o a Villahermosa, a lugares en la frontera sur”, informó.
José, de 28 años; su esposa, de 26, y sus hijos, de dos, tres y seis años de edad, permanecen en un albergue, mientras él trabaja en un puesto en la zona Centro, donde en días como el martes no fue empleado debido a las ráfagas de viento de hasta 70 kilómetros por hora que se registraron en la ciudad.
“Estamos en un albergue, a lo mejor si no se puede brincar para allá (Estados Unidos) nos quedamos a vivir aquí, porque el estado de donde venimos sí está muy peligroso”, compartió el michoacano, cuyo nombre real fue cambiado por motivos de seguridad.
Relató que tuvieron que migrar de un día a otro y decidieron llegar a la frontera con la esperanza de cruzar a Estados Unidos, pero no lo pudieron hacer debido a la falta de un programa de ingreso para los solicitantes de asilo.
Como él y su familia, cientos de mexicanos y extranjeros más permanecen albergados en el estado de Chihuahua, la gran mayoría en esta frontera, con la esperanza de que Trump anuncie un nuevo programa para poder ingresar a Estados Unidos de manera regular o mientras encuentran un trabajo estable para poder instalarse en la ciudad.