
Desde el Estadio Cuauhtémoc, Puebla y Tigres protagonizaron un duelo que, al menos en el marcador, se mantuvo inmóvil con un 0-0 que reflejó poca intensidad. En una noche que prometía emociones y goles, el encuentro se diluyó en un trámite futbolístico que dejó a los presentes y a los televidentes con poco que celebrar.
El primer tiempo fue una dominio estadístico absoluto de Tigres, que acaparó el balón con más de 300 pases y un 75% de posesión, dejando al Puebla como un espectador en su propia casa. Sin embargo, este dominio felino fue insuficiente, ya que no hubo disparos al arco que exigieran al portero rival ni momentos que alteraran el pulso de la afición.
Una imagen viral de dos aficionados profundamente dormidos en las gradas se convirtió en el retrato perfecto de un periodo aburrido, donde el control del balón no se tradujo en peligro ni emociones.
El segundo tiempo arrancó con la misma tónica, un ritmo pausado que parecía condenar el partido a la irrelevancia. Puebla intentó despertar con tímidos avances, pero Tigres mantuvo su postura dominante, aunque seguía sin encontrar la llave del gol. La paciencia reinó en el césped y en las tribunas, con un público que, salvo por algunos murmullos, parecía resignado a un resultado predecible.
Fue hasta los últimos 10 minutos cuando el encuentro finalmente ofreció un destello de controversia. Una entrada sobre Rómulo Zwarg en el área poblana desató una revisión extensa en el VAR por un posible penal a favor de Tigres. El estadio contuvo el aliento mientras el árbitro analizaba la jugada, pero tras varios minutos de incertidumbre, la decisión fue clara: no se marcó la pena máxima.
Así, entre aficionados dormidos y un penal fantasma, el Puebla vs Tigres culminó en un 0-0 que pasará al olvido tan rápido como los bostezos que provocó. Tigres se llevó la estadística, pero no los goles y Puebla resistió, pero no brilló.